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14.9.13

Síndrome de Down

Síndrome de Down: un test no invasivo para embarazadas permite identificar tempranamente a más del 99% de los bebés.
Se trata de un análisis de sangre que, combinado con las ecografías de rutina, permite identificar tempranamente a más del 99% de los bebés con Síndrome de Down, evitando punciones innecesarias en embarazadas de alto riesgo.
 
 
El test detecta prenatalmente, en forma no invasiva, la posibilidad de que un bebé padezca Síndrome de Down u otras alteraciones cromosómicas. Según adelantó el Dr. Adolfo Etchegaray, médico obstetra, a partir del mes de octubre la técnica -que actualmente se utiliza únicamente en algunas clínicas y empresas privadas-, estará disponible en el Hospital Universitario Austral.
 
 El Síndrome de Down es una alteración de los cromosomas del bebé. Los seres humanos cuentan con 46 pares de cromosomas o “paquetes de ADN”, de los cuales 23 se heredan de la mamá y 23 del papá. Cuando alguno de estos “paquetes de ADN” en lugar de 2 cromosomas tiene 3, se presenta lo que se denomina trisomía. Las trisomías más frecuentes afectan a los cromosomas 21 (síndrome de Down), 18 (síndrome de Edwards) y 13 (síndrome de Patau).

La probabilidad de tener un bebé con estas enfermedades aumenta con la edad materna. Por eso, las sociedades científicas internacionales coinciden en que las pruebas de NIPT no están indicadas para todas las embarazadas sino para aquellas con más riesgo de tener un bebé con enfermedades cromosómicas.  “Hace unas décadas se ofrecía como rutina a las embarazadas mayores de 35 años la realización de una prueba invasiva de diagnóstico prenatal como la amniocentesis o la biopsia corial (“punción”) para estudiar prenatalmente los cromosomas del bebé. Estas pruebas permiten diagnosticar las principales enfermedades cromosómicas pero presentan un riesgo general de aborto de 1 en 300.”, comenta el Dr. Etchegaray, director de la Unidad de Medicina Fetal y director del curso anual de Medicina Fetal del Hospital Universsitario Austral.

“Es por eso que desde fines de los años 90 se empezaron a utilizar métodos de cribado o ‘screening’ que permiten pre-seleccionar a las pacientes con mayor riesgo. El más efectivo de estos métodos es el screening combinado, que integra la edad materna con la evaluación de signos ecográficos como la translucencia nucal (edema en la nuca del bebé) y el hueso nasal con un análisis de sangre en el que se miden dos hormonas, llegando a una probabilidad personalizada para las tres trisomías. Esta información ayuda a los padres a decidir en qué pocos casos se justifica la realización de un procedimiento invasivo”, agrega.

Cómo funciona

En la sangre de las mujeres embarazadas hay ADN libre, del cual aproximadamente un 5% a 10% es de origen fetal, es decir, que pertenece al bebé. Las nuevas técnicas de secuenciación permiten identificar pequeñas diferencias en la proporción de secuencias propias de los cromosomas 21, 13 y 18 presentes en bebés con trisomías, para de esa forma identificar los embarazos con mayor riesgo.

La prueba de NIPT (prueba prenatal no invasiva con ADN fetal), que estará disponible en el HUA a partir de octubre, puede realizarse desde la semana 10 de gestación y consiste en una simple extracción de sangre a la madre acompañada opcionalmente de un hisopado bucal del padre. Las muestras se envían en el día a un laboratorio en California (Estados Unidos) en donde son procesadas y los resultados están disponibles en 10 días. Previamente, es necesario realizar una ecografía en la Unidad de Medicina Fetal para confirmar la viabilidad del embarazo y estar seguros de que no se trata de uno múltiple. La prueba permite, además, conocer el sexo del bebé y la presencia de anomalías en el número de cromosomas sexuales, tales como el síndrome de Turner.

“Esta prueba no reemplaza a la ecografía de las 11 a 13 semanas debido a que esta ecografía es esencial para determinar con precisión la edad del embarazo, descartar tempranamente algunas de las malformaciones más graves e identificar a las embarazadas con riesgo de enfermedades placentarias e hipertensivas, que se beneficiarán de intervenciones profilácticas tempranas. También, es fundamental para establecer el plan de seguimiento de los embarazos múltiples, de acuerdo al número de placentas”, resalta el especialista.

 “Así, se recomienda ofrecer este estudio a las embarazadas de 35 años o más, a aquellas en que la ecografía E1 haya detectado signos de alto riesgo en el bebé o para las que hayan tenido un bebé con síndrome de Down en el embarazo anterior”, refiere el Dr. Adolfo Etchegaray. Además, es necesario advertir que estos estudios aún no los respaldan las coberturas médicas, por lo cual su costo ronda los 1500 dólares.

Ventajas

“Como primera ventaja se logrará reducir significativamente el número de estudios invasivos innecesarios sin restringir a los padres la opción de saber si el bebé está afectado por una enfermedad cromosómica. Además, en el Hospital Austral seguimos habitualmente en forma multidisciplinaria embarazos con bebés con trisomías. Esto nos permite buscar desde temprano complicaciones asociadas y brindarle información a los padres y a los médicos que se encargarán del cuidado del recién nacido desde la etapa prenatal”, concluye Etchegaray.
 
Contactos
Dr. Adolfo Etchegaray
Director de la Unidad de Medicina Fetal
Hospital Universitario Austral
Director del Curso Anual de Medicina Fetal
Universidad Austral
AETCHEGA@cas.austral.edu.ar

Lic. Mariel Mansur
Prensa
Hospital Universitario Austral

23.3.11

21 DE MARZO DÍA MUNDIAL DEL SÍNDROME DE DOWN

Una dificultad que puede ser fuente inesperada de alegría
Aunque parezca un cliché, las familias con un integrante con Síndrome de Down coinciden en afirmar que son una fuente de alegría en el hogar. En esta nota, el testimonio de los Fontán y de los Avellaneda, y un médico explica sobre el diagnóstico de la alteración desde el embarazo. 
“Yo digo que Mariano es mi niño 10, porque es el número 10 de mis 11 hijos”. María Fontán (63 años) tuvo a Nano (23) en el sofá de su casa. El parto se adelantó un mes y la encontró desprevenida en todo sentido: se enteró de que el bebé tenía Síndrome de Down recién a la mañana siguiente, en el hospital. “El médico nos dijo a mí y a Guillermo, mi marido, que Mariano tenía `signos de Síndrome de Down´ y me explicó un poco qué significaba. Nos quedamos mudos porque no sabíamos mucho del tema”, contó María.
Sin embargo, la familia aceptó la noticia con mucha naturalidad: Nano era uno más, solo había que tenerle un poco más de paciencia.
Conviene conocer el diagnóstico antes del nacimiento, para estar mejor preparados para recibir al bebé.



“Contraté una estimuladora temprana porque hay que fortalecerle los músculos. De chico le costaba mucho sentarse. Ahora va al colegio y hace deporte dos veces por semana, los viernes cursa teatro y los miércoles va a la fonoaudióloga porque le cuesta mucho hablar”, confesó la mamá.
Agregó que no está siempre “encima” de él y que aprendió a arreglárselas solo para bañarse, hacer sus necesidades y prepararse comida. Por sobre todo, es un chico que emana alegría en el hogar de los Fontán, algo que, llamativamente, se repite en innumerables familias con integrantes con SD. “Así como pide cariño, da mucho. Son muy sensibles, se dan cuenta si te pasa algo. Trajo alegría a la familia”, reconoció María.
– ¿Qué le dirías a alguien que está esperando un hijo con Síndrome de Down?
– Que tenga fe, que son chicos re cariñosos y alegres. Y que no tenga miedo porque hoy hay más aceptación social y más recursos: estimulación, grupos de contención… Más allá de todo, una vida siempre trae alegría.

“Es la razón por la cual me levanto todos los días”
Melanie Avellaneda, de 10 años, llegó al Hospital Universitario Austral con su mamá, Elsa, porque el Síndrome de Down le provocaba problemas en los oídos y en la garganta. “Un día, cuando Melanie tenía 3 años, se despertó ahogada. Así empezamos a recorrer centros médicos", contó Elsa. Las cirugías se sucedieron; “fue una lucha”, reconoció Elsa, entre hospitales y escuelas que recibieran a Melanie.
La madre se había enterado cinco días después del parto que su hija tenía Síndrome de Down. Lloró, pero se hizo la promesa de “sacarla adelante”: “Y así fue. Cada día implica un nuevo aprendizaje. Melanie es la vida, es nuestra vida. Nos llena. Es la razón por la cual me levanto todos los días”.

Informar y contener a la familia
Los Fontán y los Avellaneda son solo dos testimonios de familias que conviven con el Síndrome de Down (SD) y que encontraron en sus hijos “especiales” una fuente inagotable de alegría. Como Melanie y Mariano, se calcula que uno de cada 600 niños presenta la alteración cromosómica que motiva las características del Down: retraso mental, bajo tono muscular y algunos rasgos físicos.
A veces, el SD se asocia además a malformaciones estructurales, con lo cual son fundamentales el diagnóstico y el tratamiento precoz. Esta es una de las tareas diarias del Dr. Adolfo Etchegaray, director de la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Universitario Austral: identificar detalles sutiles en las ecografías y ofrecer los estudios que permitan confirmar la alteración prenatalmente. “Creo que lo más importante es ser precisos al informar y contener a los padres. Para ellos puede ser un shock enterarse de que el bebé tiene SD, aunque hoy en día el pronóstico de estos chicos mejoró mucho y en algunos casos llevan una vida prácticamente normal”, explicó.
Etchegaray manifestó que “en la mayoría de los casos es beneficioso disponer del diagnóstico tempranamente”: “Es un derecho de los padres y del bebé, porque permite que su entorno se prepare mejor para recibirlo y a los médicos nos ayuda a entender la evolución prenatal y planear el nacimiento, especialmente si el bebé requerirá cirugías o tratamientos complejos”.
En respuesta a los casos de aborto de bebés con Síndrome de Down, el médico contestó que, afortunadamente, ninguna de sus pacientes eligió ese camino y lo atribuye a la forma de transmitir la información y a la contención que brinda el equipo perinatal: “Que el bebe tenga una patología no debería cambiar el vínculo que sus padres tienen con él, así como para nosotros los médicos no deja de ser nuestro paciente”.
Un consultorio multidisciplinario
En el HUA funciona desde hace seis años la Clínica Interdisciplinaria del Niño con Síndrome de Down, coordinada por el Dr. Fernando Burgos. “Nuestro objetivo es trabajar con una visión moderna sobre el SD, que incluya la asistencia, la educación, la integración y el desarrollo”, explicó el pediatra, que asiste a más de 80 familias.
Subrayó que en la Clínica aspiran a disipar las dudas y a integrar a estos niños “en una sociedad que durante mucho tiempo les dio la espalda”. La atención interdisciplinaria de los chicos con Down involucra a especialidades como cirugía cardiovascular, cardiología, endocrinología, gastroenterología, rehabilitación, entre otras.

Lic. Mariana Israel
Prensa y Edición de contenidos
Hospital Universitario Austral
 www.hospitalaustral.edu.ar

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