Disponibles en diferentes formas (crema, spray, loción o gel), estos productos se componen de dos sustancias: el aceite de citronella o el DEET. Antes de elegir el mejor para cada uno conviene tener en cuenta ciertas pautas, como la posible disminución de la acción de los protectores solares.
El verano nos lleva a estar al aire libre. Sin embargo los mosquitos nos pueden empujar a “meternos adentro”, sobre todo cuando no se cuenta con la protección adecuada. Por eso para poder tomar una decisión informada y comprar el que más se adapte a las necesidades de la familia, es importante conocer las principales características de los repelentes.
“Los repelentes se encuentran disponibles en el mercado en diversas modalidades: spray, loción, crema, gel y aerosol. Todos se elaboran a partir de dos principios activos: aceite de Citronella y Dietil Toluamida (DEET). En cuanto a los primeros, la principal ventaja es su baja toxicidad, alta tolerancia y agradable olor. No obstante, esta sustancia tiene una eficiencia limitada en cuanto al área de protección”, explicó la Dra. Verónica Torres, pediatra y toxicóloga, integrante del Servicio de Emergencias del Hospital Universitario Austral (HUA).
“Por su parte, los repelentes elaborados en base a DEET poseen una relación concentración - protección. Esto quiere decir que los que tienen un 10% de DEET brindan 2 horas promedio de protección, mientras que aquellos con una concentración del 24% protegen aproximadamente durante 5 horas”, agregó la Dra. Torres.
En cuanto al uso, la Dra. Torres informó que “la Academia Americana de Pediatría sugiere usar repelentes con concentraciones bajas de DEET (30% o menos) siempre en niños mayores de dos meses; mientras que para los que están por debajo de esa edad no se recomienda el uso de DEET”.
Otros puntos importantes:
- El uso de repelentes puede disminuir el efecto de los protectores solares.
- Es importante evitar la aplicación excesiva y reiterada.
- Procurar lavar diariamente con agua y jabón la piel sobre la cual se aplicó el repelente.
- No acostarse con el producto sobre la piel.
- Lavar toda la ropa que haya estado en contacto con el repelente antes de volver a usarla.
- Después de manejar un repelente no tocar alimentos sin haberse lavado las manos.
- Seguir las instrucciones contenidas en la etiqueta del producto.
- Desechar el envase vacío.
- No aplicar el repelente directamente sobre la cara: colocar primero una pequeña dosis en las manos y luego esparcirla en el rostro.
“Es vital mantener estos productos fuera del alcance de los niños, así como también cubrir siempre la cuna o cochecito de los bebés con redes protectoras”, añadió la especialista, y concluyó: “Otro punto importante es cortar la aplicación de un producto que haya causado algún tipo de reacción en la piel”.
Contacto: Dra. Ma. Verónica Torres Cerino: MTORRES@cas.austral.edu.ar

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